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#ENTREVISTA a Kenia Gascon (@Keniagascon), reconocida actriz mexicana

Actualmente, se puede ver "Marimar", en una de sus tantas repeticiones por canal 4. Y es que la novela, protagonizada por Thalia es un clásico y un éxito hasta el día de hoy. ¿Pero que seria de esta novela sin sus recordadas villanas y sin esas escenas de gran impacto como la de la muerte de los abuelos de la protagonista?. ¿Y que serian de los villanos sin sus cómplices de maldad? Para mi ha sido una fortuna poder contactar con una de las villanas de esta historia, Antonieta. Interpretada por la actriz mexicana Kenia Gascon. Donde nos comenta sobre sus participaciones en otras recordadas novelas antes y después de "Marimar" (la cual incluye una cinta ochentera de culto protagonizada por el mismisimo David Carradine). De sus múltiples aficiones artísticas y de sus nuevos proyectos tanto en la actuación como en el mundo de las artes. Deseándole lo mejor en todo lo que realice y agradeciéndole por la gentileza que tuvo desde el primer momento en que me comunique con …

Yo rajo de… “Saras y Kumud, almas gemelas”, solo les falto bailar

Si de algo ha servido la crisis de las novelas mexicanas y el ¡boom! de los seriales turcos es que la televisión ha optado por buscar nuevas propuestas para el televidente. Así pues, las telenovelas, como producto, se han abierto a mercados y, por consecuencia, ampliado la oferta. Lo que todavía queda en duda es saber cuánta es la verdadera demanda, y si a estas novelas de países lejanos – sacando a Turquía, por supuesto, ya que, al parecer, está asentada para quedarse por buen tiempo en las parrillas de los principales canales de la región – las podremos considerar para algo más que simple “relleno de parrilla” en canales de poca sintonía o, en su defecto, se quedaran con el rotulo de “novelas de nicho” como pasa con los dramas coreanos que desde principios de siglo tuvieron su propio éxito primero en la televisión pública, y después, en la programación de panamericana televisión.

Y es que en el caso de Saras y Kumud, almas gemelas pasa exactamente la afirmación arriba escrita. Recordando, tenemos que quienes la compraron no fueron otros que los amigos de Latina televisión y cuya programación, supuestamente, fue anunciada a principios de año. Otra fue la realidad, y la ilusión de todos los fanáticos del hindi pop en el país – que no son pocos- quedaron más que decepcionados. Hasta que de un momento a otro, panamericana televisión, aliado del canal de san Felipe y cuyos índices de sintonía son mucho más bajos (y por lo tanto permisivos) fueron quienes programaron la novela de la India pasado el mediodía (horario perfecto) siendo la primera novela de dicho país, y, convirtiéndose así, en el canal peruano que más apuesta por la alternativa fuera de los enlatados mexicanos o brasileños de toda la vida – recordando que ellos mismos estrenaron la primera novela Filipina (“Puentes de amor”) al igual que otras de países como Serbia y como escribí en el párrafo anterior en más de una ocasión tuvieron dos o tres dramas coreanos en las tardes -.   


Si bien el inicio de la novela comentado en el blog y que puedes leer en el siguiente enlace  es de lo más curioso que puedes llegar a ver. Hay que entender - y quizás aprender-, una forma propia de contar una historia y que por idiosincrasia (¿televisiva?) pareciera repetirse en la otra novela hindú que ahora mismo la está reemplazando, Tumhari Pakhi: Los hindús tiene como principal motivación el contar una historia de amor que los propios personajes principales defienden y luchan hasta el final. Pero no cualquiera sino una llena de elementos visuales. En Saras y Kumud no vemos la historia de la cenicienta, aunque si se podría considerar un cuento; el verdadero flujo de emociones esta en todo aquello que rodeo el amor de los protagonistas, y en los detalles, a manera de artificios televisivos, que llena los ojos de una manera sui generis y casi rondando lo ridículo. En este caso las velas, el viento (que aparece de la nada), esos movimientos de cámara o el propio performance de los actores son cómplices de las escenas, mismas que usan el plano repetido y que, al igual que los turcos, usan con un regusto sin igual. Si bien en comparación a estos el uso de la cámara lenta no es tan repetitivo hay muchos símiles. Y al mismo tiempo, la mayor diferencia, es que en sus limitaciones se encuentran más centrados en la imagen plana (rica en colores gracias al vestuario y la caracterización local) que en el movimiento cinematográfico. Muestra de esto es la boda de los protagonistas llena de unos elementos ceremoniales que pocas veces se ven en pantalla y mas para los que estamos alejados del cine hindú. 

Aparte, otro coincidencia narrativa con las teleseries turcas, es el uso de la música (a tope), que a diferencia de lo que uno espera, en la novela está más como escore musical conjugando con la imagen la tensión necesaria, y risible, en escenas que lo requieran llegando a limites insospechados. Y al igual que los turcos la cultura Hindu, especialmente en la provincia, se encuentra encerrada en las costumbres y/o tradiciones, tanto que el atropellar a una vaca casi deja viuda antes de tiempo a la pobre de Kumud.


Y atención, que a pesar de la vergüenza ajena que puedan llegar a dar en la mayoría de veces algunas escenas, la novela tiene un aspecto positivo moderno como ese debate final sobre el aborto y donde Kumud defiende la vida de su hijo en su vientre por encima de la suya. Claro, que a la hora de saber en qué momento se embarazo todavía tengo dudas. Y es que en la novela a diferencia de las novelas latinas hay todo menos escenas de cama. Así de inocentes son.

Pero por más “pintoresca” que pueda parecer la novela uno de sus logros es que en su timing logra engranar muchos aspectos tópicos del genero haciéndolos frescos de ver de una manera que borda lo insufrible (p.e. el no mirarse durante todas las escenas de inicio). No es extraño encontrar una historia donde el joven rico se comprometa con la chica de provincia. O el de un secreto familiar con una madre creída muerta y que aparece (loca) en los últimos capítulos. Y que más familiar que una villana ñaca ñaca como la madrastra de Saras. A esto hay que sumarle momentos propios y exclusivos de una novela como los efectivos secuestros, que el protagonista se pelee – quitándose la camisa a cámara lenta y de distintas tomas como para saber que en la India también optan por el fanservice - por el amor de Kumud con un gigante de más de dos metros, o que sea enterrado vivo mientras Kumud lo busca y hace todo el esfuerzo por romper la pared (de cartón). Todo sirve para hacerle ver al espectador que los dos protagonistas están luchando por defender su amor porque son “almas gemelas”. Y si de momentos para el aplauso hablamos, ninguno como los capítulos en Inglaterra donde tienen una aventura con Kumud cantando de improvisto y Saras siguiendo su voz.

Un "regalito" para las lectoras
Y es que precisamente con esta palabra podría describir la novela, como el de una serie de aventuras que alargan la trama, donde los personajes que los rodean no tienen tramas propias y si no son breves historias de amor que serán resueltas por la misma pareja protagónica,  y que como manda el manual termina con todos felices y con una hija, llamada “cultura” en hindú.

Para finalizar, Saras y Kumud ha sido una experiencia simpática de ver que a diferencia de novelas del tipo Maria la del barrio no te ríes de ella sino con ella.

p.d. ¿Quién toma la foto familiar del final? ¿El camarógrafo?



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